lunes, 8 de febrero de 2010

Razas

Era una noche sofocante. En el aire existía algo extraño, algo maldito, odioso, desesperante. Martín no
estaba seguro de conducir por la carretera de noche, había nubes extrañas en el cielo, no estaba seguro de
ir, pero no podía quedarse en su casa sabiendo que Ana lo esperaba aquella noche. Pensó en que no tendría
problemas, manejaba en la carretera en su auto deportivo, que hasta hora no se le había descompuesto nunca
y eso lo ponía más seguro.
Antes de salir pasó por delante de un espejo, se miró, se acercó a él y pensó en la actitud rara que había tomado,
en salir de cu casa y conducir hasta lo de Ana en la oscuridad de la carretera, nunca le tuvo miedo a la noche,
hasta era taciturno.
Tomó las llaves del auto, bajó al garage dónde estaba el coche, encendió la luz, caminó al lado del auto hasta
poder abrir las puertas de la cochera, haciéndolo de un empujón.
Se aseguró de que su casa estuviese cerrada, sacó el automóvil lentamente alumbrando su propiedad y mirando
fijamente que todo estuviese en su lugar. Finalmente llegó a la esquina y tomó por la ruta. Aceleró.
Se sintió seguro en el camino, nada lo incomodaba esa noche tranquila, salvo la visita a la casa de Ana, el sabía
que ella le reprocharía el ahber llegado una hora más tarde, pero también sabía que si el tenía una buena
excusa ella lo olvidaría al instante y todo volvería a la normalidad. Imginaba, besando sus tiernos, húmedos
y cálidos labios.
Así que a poco menos de un kilómetro de la casa de Ana, detuvo su auto y se quedó pensando un rato en el
camino, en su vida y en ella, en cómo se lo diría, después de todo debía decírselo.
Al fin llegó, caminó por el camino mil veces andado, mil veces recorrido y siempre con las mismas ganas.
Las luces estaban todas apagadas excepto una, sabía que ella no abriría pero no era un problema él tenía la
llave.
Luego de unas palabras poco agradables de ella, el explicó los motivos de su atraso, ella lo comprendió y lo
disculpó. Se amaban, pero él no soportaba que sus reproches destruyeran los pocos momentos que tenían
desde hace tiempo para estar juntos.
El bolsillo derecho de su pantalón comenzó a vibrar a una hora inesperada en el momento menos indicado,
Ana levanto la ceja arqueándola por enésima vez desde que se conocían, el teléfono sonaba rompiéndo
toda esperanza de una noche romántica.
-Debo atender. Si?
-Señor Martín?
-Sí, soy yo, quién és?
-Policía señor, dónde se encuentra?
-En casa de mi novia, por? algo pasó?
-Dos muertos en su casa, por favor venga inmediatamente.
Martín explica lo sucedido a Ana y le pidió que se quedase ahí hasta que él regresara en la mañana.
En el camino a casa, penso en que esto era al causa de sus investigaciones, pero no tenía idea de cómo ni
de quién, nadie sabía su secreto, ni siquiera su amada.
>No es para hacer una película< pensó
>pero no todos los días se encuentra gente muerta en mi casa<
La tranquilidad del pueblo de 450 habitantes, había sido interrumpida por un hecho de dimensiones
espectaculares que sólo se ven en las películas.
La casa estaba rodeada de policías que tomaban fotos e illuminaban la noche con los destellos de las luces.
Desde el puente podía ver el espectáculo a la orilla de la playa dónde terminaba el monte y comenzaba el
lago, la casa dominaba la vista en un claro del bosque, contra la orilla del lago que desemboca en el riachuelo
de apenas 4 kilómetros, conduciéndo tranquilamente las aguas del lago hacia el mar.


Continuará.......

4 comentarios:

Ricky dijo...

Continuara..... pareces Lost :)

Abrazo

Eliana dijo...

Por favor, que continúe pronto que está muy intrigante el relato y quiero conocer el desenlace!!!

Acosta dijo...

y que pasó?

no te hagas rogar ;)

carlos de la parra dijo...

Maestrooo,comienzo explosivo,y nos deja colgando de la brocha.
Venga el resto,estaremos pendientes.